miércoles, 8 de junio de 2016

La historia de un refugiado sirio






"Tú también eres, oh palma
en este suelo extranjera.Llora, pues, mas siendo muda¿cómo has de llorar mis penas?"







Abd al-Rahmán I, al-Dājil (“El Emigrante”), se había levantado esa mañana del año 785 de muy buen humor, ese día le tocaba inspeccionar los últimos retoques de la construcción de la Mezquita, levantada sobre la Iglesia visigoda de San Vicente. Para  al-Dājil no era solamente un lugar para que los musulmanes pudieran rezar, su intención era crear un lugar emblemático del islam en Al-Andalus.


No había sido un recorrido fácil, fueron casi tres décadas de luchas para afianzar la autoridad de los Omeyas en este nuevo territorio, la construcción de una gran Mezquita era un símbolo de soberanía, antes no estuvo seguro de su poder, ya en el final de su reinado consolida un gobierno fuerte y se siente como el gran gobernante que su tío abuelo Maslasma había profetizado, Abd al-Rahmán sería quién “restauraría la grandeza de su familia”



Antes de partir a la Mezquita, no pudo evitar detenerse delante de la palmera que había sembrado el mismo para recodar su tierra en el jardín de su palacio, de la que decía la leyenda que era la primera plantada en la península ibérica, los recuerdos se agolpaban delante de él, al-Dājil, alto, rubio y tuerto, también llamado el príncipe errante, seguía siendo un refugiado,nunca dejó de tener presente su lejana y amada Siria.


Había nacido en un lugar próximo a Damasco en el año 731, nieto del gran Califa Hicham de la dinastía Omeya e hijo del príncipe Mu'awiya y una concubina esclava cristiana bereber de la tribu Nafza. Cuando el primer califa de los abbasíes derrotó a su tío Marwan II, en el año 750, temeroso del poder de los Omeya, invitó a toda su familia a un banquete en la ciudad de Palestina Abú Futrus, momentos que aprovecho para que sus sicarios masacraran a todos los asistentes.


Fue uno de los pocos que escaparon de la matanza, aún no había cumplido los 20 años, huyendo junto a su hermano pequeño Yahya y su fiel vasallo Badr, cruzaron  a nado las aguas del río Eufrates, perseguidos de forma implacable por las espadas de los asesinos abbasíes. Yahya no pudo nadar hasta la otra orilla y tuvo que volver, siendo decapitado antes los ojos de su propio hermano.


Tras una larga y penosa marcha durante 5 años, recorre primero Palestina, luego Siria y todo el Norte de África, con el aliento de sus perseguidores a sus espaldas y el temor manifiesto de quienes acogían a un refugiado que pertenecía a un clan derrocado, ya que pudieran ser objeto de severos castigos por parte de los abasidas, Incluso llegó a ser expulsado de la tribu Nafza, la que pertenecía su madre.



En esas condiciones, en el año 755, en Ceuta, es informado de los continuos enfrentamientos tribales que se estaba produciendo en Al-Andalus, así como de la debilidad del Emir Yusuf,  era su oportunidad, más que un encuentro fue empujado a la península, harto de huir, acompañado de sus fieles y de los nuevos seguidores que se le habían presentado en las antiguas tierras de los vándalos, haciendo valer, no ya sólo el prestigio y los contactos de su familia en la provincia musulmana más alejada, también su gran personalidad, desembarcando ese mismo año en las playa de Almuñeca.


Las crónicas nos cuenta como en la batalla del Al Musara, no tenía estandartes, montando unos de los pocos caballos con los que contaba su ejército, por ello enarboló sobre una lanza un turbante verde, que se convirtió en la bandera de los omeyas de Al-Andalus. En esa batalla derrota a Yusuf y  proclama un emirato independiente del Califato de Bagdad, se convierte en el Emir o Príncipe de su nuevo territorio. Nunca fue derrotado, doblegando toda resistencia, ya fuera de los enviados por los abasidas, así como los gobernantes bereberes que le ofrecieron resistencia en la península.


Al-Dājil había sentado las bases para una de las dinastías más importante de la historia, que llegaría a tener una duración de casi tres siglos, Córdoba se convierte en unos las más importantes capitales comerciales e intelectuales del mundo. dejando un enorme impacto en el desarrollo de la civilización europea. De hecho llegó a contar con una biblioteca de más de 400.000 volúmenes, uno de los mayores receptáculos del conocimiento en esa época.

Al-Andalus ocupó un lugar preponderante en las artes, en las ciencias, se considera que la llegada de al-Dājil, no suficientemente reconocida, tuvo tanta relevancia o quizás más que la primera ocupación musulmana en el 711. Los Omeyas propiciaron la convivencia de creencias, más preocupados en ejercer la autoridad política y militar, convivencia que facilitó su asombroso auge.

Al-Dājil, delante de la palmera, extranjero en este suelo como ella, había comenzado a querer de forma sincera a este pueblo ibérico tan extraño y con esa innata tendencia a la disidencia, no por ello no dejaba de lamentarse cada día porque sabía que no volvería a pisar su amada Siria, así que antes de dar el visto bueno a la obra que le consagraría a él y su dinastía, deseo profundamente que el futuro en Siria habitara la convivencia y tolerancia religiosa y que ningún sirio tuviera nunca que vivir como refugiado, añorando y sufriendo sin poder pisar su tierra.

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