Ella acababa de
despertar, se sentía bien a solas en su casa; ¡su marido la hacía
considerarse tan insignificante!, como si fuera una simple pertenencia suya. Sin
embargo, en esa tarde, se sentía dominadora y tendría a ese hombre tan sensible,
que recientemente había conocido, subyugado entre sus brazos.
Él también se encontraba
a solas en su hogar; tumbado en su bañera, untaba su propio cuerpo con ungüentos
de cañas aromáticas, canela y azafrán. Su esposa le decía que eso no eran cosas
para un hombre hecho y derecho. Sin embargo, en esa tarde, se dejaría llevar por
esa fascinante mujer hasta el último de los más recónditos de sus deseos.